"El futuro de las marcas pasa por integrar plenamente el social commerce"
Por Patricia Aragón, directora de social commerce en SAMY.
Probablemente no asocies Tupperware con Brownie Wise, la primera influencer femenina de los años 50, que logró ganarse la confianza de millones de personas en EE. UU. presentando los productos en reuniones en casas particulares. Sin saberlo, sentó las bases de las ventas sociales, el influencer marketing y el marketing de contenidos: los orígenes de lo que hoy conocemos como Social Commerce.
El Social Commerce ha evolucionado al ritmo del comportamiento del consumidor, adaptándose a nuevas plataformas y tecnologías. Hoy, influencers y vendedores en redes sociales recomiendan productos a través de posts, livestreams o incluso apps de mensajería, potenciados por IA y realidad aumentada para crear experiencias de compra fluidas, personalizadas y sin fricciones.
El principio es el mismo en todos los formatos: confianza y conexión humana.
Desde fiestas o reuniones en salones hasta Instagram Shops o TikTok Shop, la clave no ha cambiado: confianza, conexión humana y relevancia son lo que impulsa los resultados. Los consumidores ganan comodidad y compromiso; los creadores abren nuevas vías de ingresos; y las marcas descubren nuevos canales para conectar, entender y convertir a sus audiencias.
Dos formas de Social Commerce:
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Directo: la compra ocurre íntegramente dentro de la plataforma social, con marcas que integran catálogo y logística.
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Indirecto: los influencers guían a los usuarios hacia e-commerce o tiendas propias de marca, impulsando el crecimiento a través de recomendaciones auténticas.
El éxito en Social Commerce depende de entender a la audiencia, ofrecer contenido relevante, aprovechar la confianza de los creadores, construir comunidad y personalizar la experiencia de compra. El marketing está en el centro de todo: es lo que permite a las marcas adaptarse, conectar y crecer, combinando tecnología con algo irremplazable: la conexión humana.